Nadie empieza corriendo una maratón. Tampoco teniendo el negocio de sus sueños

Sin embargo, muchas personas la corren y muchas otras tienen la empresa que soñaron. Parece contradictorio, pero no lo es. A fin de cuentas, el deporte de un emprendedor es EMPRENDER. Si analizamos los requerimientos para una carrera de larga distancia, vemos que no difieren mucho de los de construir una empresa. Te contamos algunas de estas similitudes.

Entrenamiento

Sabemos que queremos correr 42Km, pero debemos planificar las rutinas que nos permitan llegar a esa distancia. Sabemos que no lo haremos durante los entrenamientos, y que cada uno de ellos tiene una finalidad que al complementarse con las demás, terminará constituyendo el todo. Lo mismo sucede con la estrategia de nuestra empresa.
Se trata de plantearse objetivos pequeños que poco a poco complementen las necesidades para construir ese objetivo mayor. Y esto requiere planificación.
No basta con anotarse en el gimnasio, es necesario anotarse en las clases semanales a las que se asistiremos, armar un plan de dieta saludable y abandonar aquellos hábitos que no resulten compatibles con el ejercicio. De esta manera estaremos desarrollando un buen plan estratégico. La planificación nos brinda aquellas herramientas para que podamos realizar las tareas que nos llevan hacia el objetivo sin quedarnos en el sillón. O en el “deseo de tener una empresa”.

Mente positiva y abierta a lo inesperado

Durante una carrera pueden suceder muchos imprevistos: que la temperatura suba o baje más de lo esperado, que la ruta tenga pendientes que no calculamos, que alguien no acerque una bebida en el momento justo o que esa persona no aparezca nunca en el recorrido.
Tanto al correr como al emprender, la mente positiva es fundamental. Cuando las piernas no pueden sostener el ritmo, o el calor agobia, o la sed parece insoportable es necesario que la mente nos ayude a seguir avanzando y tomar las decisones necesarias.
En el negocio, puede suceder que un cliente se demore en un pago, que una venta no se concrete o que un corte de luz nos haga perder un diseño en el que trabajams durante días. Las opciones son derrumbarnos y tirar todo por la borda, o tener claro que el objetivo es llegar hasta el final, aunque haya que modficar el ritmo o descansar un poco.

Celebrar los pequeño logros y la carrera de los campeones

Es importante darse una pequeña palmada a medida que avanzamos. Haber pasado los primeros 12Km, mantener el ritmo durante más de 5Km sin aminorar la marcha son hitos fundamentales de los que debemos tomar cuenta. Porque son el estímulo hacia los siguiente logros, que en la medida que avanzamos son más grandes y parecen más difíciles. Pero si los traducimos a esos pequeños, ya no intimidan. Si corrimos 5Km, sólo tenemos que volver a correr esa distancia para alcanzar los 10. Algo muy distinto a “tener que llegar a 10Km”. Del mismo modo, sumar un cliente, mejorar un proceso, descubrir una forma de mejorar la administriación de recursos, son momentos a celebrar, ya que la dinámica de trabajo con este nuevo cliente, proceso o forma de administrar, serán la plataforma sobre al cual haremos crecer el negocio.
Lo otro es celebrar a los campeones. Mientras corremos, lidiando con el ritmo cardíaco, la respiración o los pasos, vemos pasar a nuestro lado a corredores que oarecen no sentir el esfuerzo. Tenemos dos opciones: intentar vencerlos con furia competitiva y desmayarnos a los 135 metros, o alentarlos e inspirarnos en su carrera. Hay gente que es increíble en lo mismo que nosotros, que lleva décadas haciendo lo que nosotros comenzamos a trabajar hace unos meses, y da la sensación de que “les salen todas”. En realidad sólo estamos viendo el resultado de muchas carreras como las nuestras, por lo que lo más inteligente es no perder de vista nuestro ritmo real y saber que más adelante podríamos estar corriendo como ellos. Lo que nos lleva a otra cuestión importante:

Manejar los tiempos

El objetivo principal es llegar a la meta. A medida que logremos hacerlo de forma reiterada podremos pensar en cuestiones adicionales, como bajar los tiempos de recorrido o correr en terrenos difíciles.
Sin embargo, tenemos que saber cuándo debemos bajar el ritmo, caminar, tomar agua y acelerar el paso. Esto es parte del arte del corredor. Como empresarios sucede lo mismo. Hay que saber cuándo acelerar, cuando esperar o incluso replegarse. No entender esto hace que nuestros músculos se acalambren, tengamos lesiones, erremos un balance o tomemos más recursos de los que podemos pagar.
Especialmente en países como los nuestros, en los que el terreno sube y baja de formas imprevistas, es fundamental tener la capacidad de regular nuestra marcha y tomar las decisiones necesarias a cada paso.

Hacerlo porque nos gusta

Para finalizar, no perdamos nunca de vista el motor de tantos entrenamientos, decisiones, dietas y supuestos sacrifcios: Nos encanta hacerlo. Correr la distancia que nos propusimos nos da una idea de que somos capaces. Que podemos inspirar a otros a hacer lo mismo. Sea correr una carrera, desarrollar una empresa, cocinar un plato complejo o construir un edificio. No perder de vista el placer y el motivo por el cual estamos haciendo lo que hacemos. Sentir gratitud por cada logro y no perder de vista la meta, hace que cada “sacrificio” en realidad sea un momento más del juego. Y de esa manera entrenar nuestra resiliencia a la adversidad y aprender a divertirnos con cada obstáculo, acercándonos más a concretar ese sueño.